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El embuste de la "clase media" que no existe

OPINIÓN | 

Dile a un pobre que él es clase media y tendrás a un trabajador calladito y donde quieres

Lo comentaba en un artículo reciente de esta página. Hacía mención a ello como muestra del hartazgo de ver a una buena fracción de la clase trabajadora de este país lamerse los genitales así misma, en una alarde de ensueño por sentirse incluidos en la 'clase media'. Ese status socioeconómico fantasmal creado por figuras políticas, ramplavotos y lamebotas de la oligarquía, que se encargan de decirte a ti, obrera y obrero, que aún con tu salario de mierda eres un privilegiado porque hay gente más pobre que tú, a la que se le deja el galardón de 'clase baja'.

Es una estrategia antropológica con la que, desde el olimpo de los acaudalados, te orientan en la búsqueda de una vida mejor, cual prestidigitador marea tus globos oculares con la maestría del juego de sus manos.
En un juicio popular, la forma más astuta que posee un abogado de la defensa para proteger a su acusado es convencer al estrado de que el culpable es otro, antes que recurrir a las pruebas de inocencia del primero. La ciencia forense es irrefutable, pero la atención de un jurado popular es maleable. A esto lo llamo perversamente, una buena estrategia.
En un contexto nacional sobre la sostenibilidad social, económica y laboral, los acólitos del capitalismo perpetúan la pobreza con estrategia: neolengua, lucha de clases diluida en 'ciudadanismo', discursos de largo y corto recorrido donde se palabrea el vacío, continente sin contenido, pulverizando lo público para señalarlo de fallido y así financiar lo privado, etc. Todo eso es estrategia. Una clase trabajadora creída en clase media, es tan maleable como el jurado popular del que hablaba hace un momento. No lo dudéis, un día seréis señalados de privilegiados por cobrar 1000 euros al mes.

En esa disciplina de la neolengua radican los motivos por los que nos dejamos engañar. Sí, digo "dejarnos engañar" porque la historia se repite, y nada le gusta más a un español que ir a tropezar con la misma piedra con carrerilla incluida. En esa neolengua de intelectuales, trazan tal mapa gramatical que acabas por no entender nada, pero acabas aplaudiendo. Y en el fondo te da igual, tú lo que quieres es que el de la corbata sea un tío nuevo y con que tengas el atino de escuchar un par de frases complacientes te das por satisfecho: es tu candidato.
Pero algo de lo más interesante en el arsenal neolinguista, es el océano de currantes y parados arrastrados por el encanto de algo llamado "claridad de confusión". El método por el que esos 'frontmen' del sistema (que les mantiene en las portadas), recurren al vocabulario fácil y cercano de toda la vida, en tal orden de comprensión que cuela con una facilidad tan pavorosa como escandalosa es la barahúnda: una mentira grosera pero que ya has decidido tomar antes de darte cuenta.


El presidente del partido Ciudadanos, Albert Rivera, recurría ayer a la retórica 'claridad de confusión' mediante su cuenta de twitter al hacer de Cid Campeador (aunque con el pijama debajo), cuando advertía en su mensaje que los 3 millones de trabajadores que no llegan a mil euros al mes son 'clase media'. Vaya, ahora resulta que el mileurismo es la clase media. Bien lanzado, Albert. Se ha metido en el bolsillo a todo currela que cobre mil pavos al mes al piropearle como 'mileurista'. Sin embargo una criatura que cobre la miseria de entre 400 y 600 euros al mes es pobre, pero pobre pobre, ¿eh? ¿De qué tipo de chistera se saca este tipo que si cobras 1000 eres clase media? Yo lo sé, de la neolengua. Porque si te hace creer que eres clase media, te hará sentir distante de las clases pobres y más cerca de las clases altas. Así callas más, estarás conforme y equiparado el resto de 'ciudadanos'. Porque todos somos ciudadanos, ¿no? Como Amancio Ortega o Florentino Pérez, que también son ciudadanos, ¿no? Decirle a un mileurista que es clase media, es como decirle a un sintecho que se alegre, que los pobres están de moda.


Souvarine (Laurent Terzieff) en una escena de 'Geminal', de Claude Berri

En la película 'Germinal' de 1993, basada en la novela homónima de Emile Zolá, el personaje Souvarine decía "Gritáis contra los ricos mientras sois pobres, pero el odio hacia los burgueses os viene de la endemoniada idea de no ser burgueses, igual que ellos." Con el discurso de la neolengua y esa punta de 'clase media', apaciguan el enfurecimiento de las clases y duermen el alboroto que suscita pertenecer a una clase cuyo status consiste en sobrevivir al borde del umbral de la miseria. Y por ahí, por creerse clase media, es por donde encuentran una válvula de escape del malestar social de las clases y reducen la presión contra el sistema.

La neolengua dominante no es neutral, muy al contrario, neutraliza a las clases pisoteadas. Tratan de fraccionar a las clases en trocitos más pequeños, semejante a la tarea de empezar a parcelar la "pobreza" por "pobreza energética", "pobreza sanitaria", etc. Una estupidez mayúscula. Trocear para dividir, porque dividiendo vencerás.
Lo sabíamos y lo sabemos. Luego, no nos inventemos excusas estúpidas como la de que nos pilló meando con el viento en contra.
Para acabar, mencionaré aquel lema con el que Rivera llegó a las últimas elecciones generales, el del "cambio sensato". Un cambio sensato con el que pretendía decir 'cambio equilibrado', es decir, ricos menos ricos y pobres menos pobres, pero con pobreza existente al fin y al cabo, como parte imprescindible de la balanza, en lugar de erradicarla fulminantemente.




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