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¿Donde está Wally?


Hoy os vamos a contar una historia basada en hechos reales, como las películas de Antena 3.
Sucedió en un pueblo cuyo nombre no importa, porque podía haber sucedido en cualquier pueblo de España. Cuando era pequeño, mi madre me mandaba a la biblioteca a estudiar. No sé si para que, por ósmosis, el conocimiento entrara en mi cabeza o tal vez para que diera por culo allí y la dejara descansar un rato.

En la biblioteca de mi pueblo había un hombre barbudo que sigue hoy día ejerciendo como bibliotecario/domador de niños, le llamábamos "el chivo". Este implacable funcionario público, además de llamarte la atención para guardar silencio unas cincuenta veces al día, si te veía sin estudiar o leer un libro te echaba la bronca. Por tanto te arrojaba a la temible duda de estudiar o leer, culturizarte o convertirte en un empollón.

Para estos casos existían unos libros fantásticos en los que un hombre muy simpático llamado Wally se escondía con un jersey de rayas rojas y blancas con gorro a juego, en un lugar en el que casualmente, había muchas cosas de rayas blancas y rojas. Era muy difícil de encontrar, y cuando lo encontrabas, te producía una sensación de satisfacción difícil de describir que por supuesto no he vuelto a vivir en mi vida, este año he ido de viaje a las Barbados.
Cuando volvías a la semana siguiente ya no recordabas dónde lo encontraste y podías gastar tu día de biblioteca otra vez con el mismo libro. Mientras, el chivo se quedaba tranquilo y aunque realmente pensara que te ibas a convertir en un maldito desgraciado, al menos no rompías su equilibrio bibliotecario.
Este fantástico "status quo" se rompía porque siempre había un gilipollas que señalaba con boli a Wally para demostrarse a si mismo que lo había encontrado. Los libros de Wally perdían su gracia, su intriga, y al final nos pusimos a estudiar. Aprobamos, en la universidad no había libros de Wally y seguimos estudiando, aprobamos.

Ahora tenemos una carrera, el poco tiempo que no estamos parados cobramos menos de 1000 euros. Si hubiéramos seguido viendo libros de Wally en lugar de estudiar, ahora seríamos hoy políticos y la vida nos iría bien.
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